La estrella de la mañana es la primera que surge en el cielo y anuncia la salida del sol. Es la más brillante de las estrellas, anima a los que han velado toda la noche y manifiesta la victoria de la luz sobre las tinieblas. La Virgen María es para nosotras esa estrella que nos guía siempre en la esperanza, y es por eso que hemos escogido este nombre que nos enraíza en la tradición viva de la Iglesia. En efecto, desde siempre, María es invocada como “la estrella”: la letanía la invoca como estrella del mar y estrella de la mañana.

Nuestra Comunidad quiere vivir de su maternidad y enraizarse así en el corazón de la Iglesia, a la sombra de todos los santos que son también astros en el cielo. Reconocemos como protectores al apóstol san Juan, a santo Domingo de Guzmán, santo Tomás de Aquino, santa Teresa de Lisieux y san Juan Pablo II.

Nuestra vida religiosa se asemeja a las demás formas de vida monástica: se realiza a través del silencio, de la oración comunitaria del Oficio divino, del trabajo manual y del estudio bíblico, filosófico y teológico. Cuidamos de que esta vida sencilla y auténtica, en que la oración, y sobre todo la adoración silenciosa, ocupen el lugar más importante, asuma y abarque todas las dimensiones de la persona humana (trabajo, amistad, libertad, responsabilidad, diálogo, escucha, confianza) y favorezca su desarrollo.

Por esta razón, una formación integral de la persona (humana, intelectual y espiritual) es necesaria; formación que queremos compartir con los que lo deseen, así como nuestra vida de oración. Preservando siempre una verdadera clausura, acogemos a todos los que el Señor nos envía. Y, en algunas ocasiones, animamos momentos de oración que se realizan fuera de nuestros monasterios.

El punto culminante de nuestra jornada es la celebración de la Eucaristía, que prolongamos mediante un tiempo de intensa acción de gracias.

El trabajo manual tiene también mucha importancia: nos permite a la vez tener el sustento para nuestra vida y también dar testimonio de Dios mediante el arte, la belleza y la creatividad, en un mundo en el que la dimensión religiosa y espiritual ya no tiene mucha importancia.

Otra particularidad de nuestra Comunidad es el impulso misionero. El Espíritu Santo nos da la fuerza para vivir el mandamiento del amor que tanto quería el apóstol san Juan, y dar testimonio de él en todos los continentes.

 

 


 

© Hermanas de Maria Stella Matutina
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