El trabajo artesanal forma parte del espíritu de pobreza de la vida monástica. El monje, en su trabajo, es pobre y pone toda su inteligencia al servicio de un trabajo útil, pero también un trabajo gratuito y bello. Consagramos un tiempo a este trabajo que es a la vez humilde y cualitativo, con el cual cooperamos a los dones de la Providencia y manifestamos el misterio de Dios. Por medio de la belleza, descubrimos que el arte puede glorificar al Creador. Esta dimensión del trabajo ocupa un lugar importante en nuestras comunidades. Nos permite sustentar nuestra vida, pero también desarrollar una dimensión esencial de la persona humana, favoreciendo su equilibrio y su desarrollo. Para nosotras es importante que nuestro tiempo esté dedicado a la oración, al estudio y al trabajo artesanal.

El espíritu de formación que queremos vivir en nuestros talleres de artesanía toma en cuenta la diversidad de culturas, de sensibilidades y de competencias de cada hermana.

Caligrafía, íconos, trabajo con el cuero y la cerámica, pero también hacer velas, ornamentos litúrgicos, talleres de carpintería, de estaño… ¡Tantas ocasiones para crear, inventar y alabar a Dios!